
Las dos vías del cine catalán
No sé si ha sido de forma estudiada o consciente, pero los premios...
No sé si ha sido de forma estudiada o consciente, pero los premios Gaudí de este año han trazado una línea divisoria entre dos modelos cinematográficos, el que tiene un mayor calado en los espectadores y el que aún podemos seguir definiendo como de autor, con amplia repercusión en certámenes españoles e internacionales y una tirada menor entre el gran público. Es una evidencia que este año dorado del cine catalán, en cifras de asistencia a las salas, se ha sostenido principalmente gracias a los éxitos comerciales de El 47’ y Casa en flames’. Como ambas competían en la categoría de mejor película en lengua catalana, una de las dos debía quedar fuera del podio principal, pero si hubiera ganado el filme de Dani de la Orden en vez del de Marcel Barrena no habría cambiado la percepción general: es un premio artístico pero, sobre todo, industrial, el reconocimiento a unas propuestas con las que se congratulan la Acadèmia del Cinema Català, el ICEC y los distribuidores y exhibidores de este país, necesitados de volver a situaciones próximas a las de la prepandemia. Si triunfan también en los Goya, donde optan a todo, pues, como se decía antes, miel sobre hojuelas.